Durante tres generaciones Berrocales Trujillanos representa la tradición quesera que se transmite de padres a hijos.
Una historia de tradición y superación.
Antaño las familias ganaderas elaboraban los quesos durante la semana y se lo vendían frescos a los queseros en el mercado del jueves, estos lo curaban y maduraban dando fama a su tradición por toda la península. Los tiempos han cambiado pero los sabores son los mismos. Hoy se recoge la leche a diario con camiones refrigerados manipulándola con todas las garantías de higiene a lo largo de todo el proceso.
Cada leche es controlada y tratada según la receta particular hasta la cuajada donde toma forma de cilindro, pierde el agua y gana la sal. Lo más difícil lo hace la naturaleza en el largo proceso de reposo donde afloran los sabores y aromas. Nosotros vigilamos la paz de ese sueño y la calidad de la atmósfera que le rodea. El queso fresco no quiere dormir y salta tierno a la mesa para hacer mas dulce la espera de sus hermanos maduros que despertaran con la caricia del aceite y el pimentón.
Las recetas de toda la vida con la calidad y producción uniforme de una empresa de hoy. Trujillo ha sido siempre rica en ganados y la cultura del queso se remonta a la prehistoria de nuestra civilización hasta hoy como anfitriones de la "Feria del queso" que se celebra cada año en la Plaza Mayor con un éxito irresistible.
Hoy la empresa busca el equilibrio entre la sostenibilidad de su proceso de producción y la satisfacción de los consumidores a través de un contínuo trabajo de investigación y desarrollo.
No seriamos nada sin los ganaderos y pastores que cuidan del ganado en la comarca de Trujillo, Villuercas e Ibores, gente que ama a sus animales y que hace posible la conservación del medio ambiente natural con su trabajo diario.